martes, 24 de septiembre de 2024

ILUSIONES.... Y DECEPCIONES

 Pensamos que conocemos a la gente que nos rodea. 

Siempre tendemos a creer que si nos pasa algo malo estarán a nuestro lado, y si nos pasa algo bueno compartirán nuestra alegría. 

El problema es que lo que esperamos, no siempre coincide con la realidad. Y todas las expectativas que ponemos en la reacción de alguien cuando nos ocurre algo puede caerse como un castillo de naipes. 

"El corazón tiene razones, que la razón no entiende" -decía Blaise Pascal - O dicho de otra manera, lo que nosotros sentimos no siempre tiene que coincidir con lo que sientan o piensen los demás, y de ahí viene todo. A veces pensamos que lo que dibujamos en nuestra mente va a coincidir coma con coma con la verdadera reacción de alguien, y pasa como cuando lees un libro y luego ves la película que trata sobre él. Rara será la ocasión en que coincida con lo que nosotros habíamos imaginado, o nos guste tanto como esperábamos. 

Con esto ocurre exactamente lo mismo. Cada persona tiene una manera de pensar, y por eso tendemos a idealizar algo a nuestro gusto. Al amor de nuestra vida cuando tenemos quince años, el trabajo, la casa, los hijos que vamos a tener.... a veces la realidad coincide, pero otras no. 

Me he llevado ya un montón de decepciones en mi vida. Quizá porque tengo un carácter que me impide ir solamente a lo mío y dar la espalda a alguien cuando necesita algo. Siempre digo que soy bilingüe porque hablo por los dos codos, y no me cuesta mucho trabajo conocer a alguien y entablar conversación enseguida. Así llegaron a mi vida alguna de las personas más importantes, y de la misma manera desaparecieron otras. 

También he de decir que al menos, desde que recuerdo, siempre hice diferencias dependiendo de quién se tratara y de cuán grande fuera la put****. En algunos casos y ciertos momentos me molesté en tratar de olvidar y hacer borrón y cuenta nueva, y lo conseguí, pero en otros no. Y a estas alturas, es algo que sé que no va a cambiar. 

He tenido enfados gordísimos con gente con la que sigo en contacto, a pesar de que en ese momento se me rompiera el corazón, o me dieran ganas de mandar a esa persona a tomar por donde rompen los cestos. Y me he aguantado, unas veces porque me pillaron de buenas, y otras porque había por medio terceras personas que se iban a ver más o menos perjudicadas por ello. Unas veces puse la otra mejilla, y otras no. 

A lo que voy, es que hace tiempo, decidí que solamente quiero en mi vida a quien realmente me aporte algo bueno -ni siquiera a quien no aporte nada, y por supuesto menos aún si encima aporta malo - Creo que tiene que llegar un punto en la línea de la vida de una persona en que no tengas que aguantar carros y carretas por no perder a alguien, porque si una persona que te conoce de hace años, te aprecia, tiene que al menos tener la deferencia de pensarse dos veces las cosas antes de abrir la boca y decirte cosas que te hacen trizas. Unas con buena voluntad y otras no tanto, pero que hacen daño al fin y al cabo. 

Y es curioso, normalmente siempre está el socorrido mecanismo de "es que es así y hay que aceptarlo como es". Pues no, a mi eso ya no me vale, porque yo también soy como soy y tampoco me apetece ir dando bufonazos a diestro y siniestro, a pesar de que todos tenemos malos días. Y en todo caso, aunque a veces no lo pueda controlar y quizá haya hecho daño inconscientemente, al menos he intentado pedir perdón. 

Entiendo que el umbral de ofensa es muy personal y cada persona puede ponerlo donde considere conveniente, pero de la misma manera que nosotros tenemos el nuestro, los demás también lo tienen. Y hay cosas que duelen. Y lo que más me preocupa, no es la gente que en un arranque te dice cuatro barbaridades sin pensar, porque aunque no lo justifico si que puedo llegar a entender que en un momento dado todos podemos perder los papeles. 

Lo que no entiendo ni entenderé nunca es decirle a alguien que quieres -o aprecias, o cómo lo queramos llamar - algo que sabes que le va a hacer daño, y aun así se lo dices. Y no una vez, sino las que se tercien. Y que mientras lo haces estés sabiendo que le estás haciendo polvo, y sigas lanzándote como un precipicio. Y en ese momento es cuando hay que pararse a pensar si una relación -sea del tipo que sea - merece la pena o no. 

Aprendí, como me dijo una de las personas más sabias que conocí en mi vida, que "a este mundo venimos solos, y nos vamos solos". Y es una de las mayores verdades que me han podido decir. Con esto no pretendo decir que tengamos que sacar de nuestra vida a todo aquel que en un mal momento tenga un comentario desafortunado, pero sí aprender a valorar a quien realmente lo merece. 

A estas alturas de mi vida, es la lección más valiosa que he aprendido. A que solamente quiero invertir mi tiempo con quien de verdad me lo ha demostrado, y continuar el camino con ellos, con curvas, con baches o con lo que venga. Porque es lo más valioso y lo mejor con lo que me puedo quedar. 

miércoles, 18 de septiembre de 2024

PALABRAS AL VIENTO (I).

 "Caminó por aquel camino de tierra que la vio crecer, mientras los nubarrones que cada vez estaban más cerca, anunciaban fiesta. 

En esos senderos donde, siendo una niña, corrió hasta perder el aliento, se amontonaban recuerdos felices de otros tiempos. Donde al levantar la vista, los prados verdes parecían dejar un horizonte infinito y donde tantas veces se tumbaron bajo la sombra de los árboles. 

Habían pasado más de veinticinco años desde la última vez que todos habían dado el último paseo juntos. Desde la última vez que hicieron su particular competición de salto de altura desde el muro de una finca que fue testigo de risas y algún que otro aterrizaje forzoso en hierba fresca que no tuvo mayores consecuencias. Que escuchó suspiros de amores, y tejió redes de amistad eternas. 

Tiempos aquellos donde tres ángeles de alas invisibles caminaban cada tarde por los mismo caminos polvorientos mientras miraban como las tierras que con tanto esfuerzo trabajaron sus manos ajadas por mil inclemencias, iban dejando paso al barbecho después de dar fruto tras toda una vida, donde comer era casi un lujo, y donde casi tenían que levantarse a ganar el jornal antes de ver salir el sol. 

Dejaron los niños de escuchar de lejos, aquellas historias que contaban los viejos, a veces con cara de pena, a veces con una sonrisa inocente. Aún recordaba cómo las bolsas de patatas recién sacadas de la tierra venían a casa en una tela atada de manera magistral sobre la cabeza de una de ellas, sin inmutarse ni notar el peso que seguramente sobrepasaría los cinco kilos. 

Era el mismo escenario de su infancia. Los mismos árboles centenarios guardando las sombras, las casas que albergaban las raíces de varias generaciones, los caminos resecos donde siempre se hacían los mismos charcos, probablemente hasta las piedras no habrían sido movidas. La fuente de la mina que presidía la subida a la sierra, desde donde había las mejores vistas de todo el valle, regalaba cada vez un hilo de agua más fino, pero igual de puro que cuando eran niños. La mejor agua del pueblo, que decían los abuelos. Las chimeneas que año tras año dibujaban en el cielo el calor de los hogares donde se cocían potajes y se aliñaban conversaciones. 

Cuánto echaba de menos todo aquello. De repente, como si los recuerdos se agolparan, se escuchó un trueno que retumbó entre los carballos. Y supo que no tendría tiempo de volver a casa sin mojarse, pero dio igual. Recorrió de vuelta todo el camino, curva tras curva, mientras su mente dibujó los momentos felices. Las tardes en las que su padre le enseñó a montar en bicicleta, los paseos por el monte cogiendo setas y castañas. La niebla que cada mañana regalaba olor a hierba mojada que desaparecía a media mañana Ah, qué lejos queda aquello y cuánto daría por volver a repetirlo una vez, solo una. 

Las nubes se le echaron encima y un aguacero descargó con intensidad, recargando la tierra de barro y las huertas de vida. Ese olor a tierra mojada que invadía el alma y que se llevaría metido en un tarro para respirarlo si eso fuera posible. Dejó atrás la fuente de la mina, los carballos, las piedras que seguirían agonizando eternamente, impasibles viendo la vida pasar, la huerta que ya no lo era, los frutos del esmero... 

Y al llegar, calada hasta los huesos, un humo blanco contrastaba con la humedad que envolvía el ambiente con un halo de misterio y calor conocido. Atravesó aquellos dos muros de piedra de una casa vieja donde hacía muchos años ya no tenía moradores cuyas piedras aguantaban estoicamente quizá con un poco más de desnivel, y agujeros en el tejado de heridas antiguas. 

Se dio la vuelta y miró atrás. Y allí, a lo lejos, en el camino, otro ángel de alas invisibles, con barba y mirada pícara, caminaba en dirección contraria con las manos en los bolsillos. A dónde la felicidad todavía existe y donde ya viven gran parte de los protagonistas de esta historia, que sonríen desde las estrellas a los que aún hoy, seguimos dejando huella en la tierra por la que ellos caminaron antes". 

jueves, 12 de septiembre de 2024

CADA FINAL ES UN COMIENZO

 Llega el fin de una etapa. 

El final a dos años y medio que me trajeron un cambio de aires que necesitaba hace mucho tiempo. No puedo quejarme del anterior destino porque siempre tuve la suerte de ser bien acogida, tanto en el trabajo como por la gente que me he ido encontrando en el camino. 

Pero esta es... diferente. Esta vez me fastidia especialmente. A pesar de que el momento iba a llegar irremediablemente, creo que uno nunca está preparado para irse de un sitio donde, aunque haya habido momentos mejores y peores -como en cualquier sitio y momento de la vida - puedo decir que he sido feliz. Muy feliz. 

Esta ciudad me gustó desde el primer día. No demasiado grande, con todo a mano, con vidilla... es todo lo que necesitaba. Pero si algo pude comprobar en los años que llevo fuera de mi casa -que por cierto, ahora que hago memoria han sido unos cuantos - es que lo que hace a un sitio bueno o no, es la gente que te rodea. Y en eso yo siempre he sido más afortunada que con el Gordo de la Lotería. 

Aquí me acogieron desde el primer momento. Me sentí en casa a pesar de estar a casi quinientos kilómetros. Me adapté rápido a una manera de trabajar que al principio me pareció desconcertante, pero pronto comprobé que al lado tenía gente maravillosa que se empeñó en hacerme sentir cómoda, y con los que pude aprender mucho. No solo de trabajo, sino también, de la vida. 

Este trabajo nos permite conocer muchas ciudades -si es que queremos - . Empezar en un sitio y volver a hacerlo en la otra punta del país al siguiente si es que las cosas no van como queremos -o sí, y nos da por conocer sitios nuevos - 

Hoy tengo una sensación de pena y melancolía que no me deja disfrutar de este momento donde debería embargarme la ilusión de volver a casa por fin. Después de cinco años donde no he tenido momentos especialmente buenos y cuando me ha tocado luchar con cosas que uno nunca está preparado para asumir. A lo largo de esta partida por la que transcurre mi vida, he tenido manos de cartas más o menos favorables, pero a pesar de todo, puedo decir que he ido consiguiendo mantenerme a flote, aunque muchas veces haya necesitado parar a coger aire. 

Pero de eso se trata. De remar, de nadar contracorriente, de no rendirse nunca. De que podrán venir mal dadas, pero las cartas son las que son y con ellas tenemos que seguir jugando. Con más o menos suerte, pero con la mirada puesta en el horizonte creyendo que tarde o temprano la vida mejorará y todavía queda algo nuevo que vendrá. 

No sé si será así, ni lo que nos deparará esta nueva etapa. Solo sé que aunque vengan tiempos convulsos, ahora podré verlos de otra manera, con menos estrés, desde casa y más cerca de los míos. Siempre me he considerado una persona independiente a la que no le importaba estar sola, pero reconozco que ahora, en este preciso momento de mi vida, necesito ayuda para enfrentar este nuevo capítulo y solo pido fuerza y tranquilidad para poder llevarlo de la mejor manera posible. 

Me llevo un recuerdo imborrable. Momentos de todo tipo, conversaciones de café, haber podido conocer sitios nuevos, pero sobre todo, me llevo un baño de cariño inmenso, buenas palabras, sonrisas, muchas risas y abrazos que me aposentaron el alma cuando más lo necesitaba. Pero sobre todo, me llego amigos, de esos con mayúsculas. De esos que te entienden y te conocen solo con mirarte a los ojos y saben que aunque por fuera sonrías por dentro el corazón está hecho pedazos. De esos que entienden y respetan, y que estuvieron, están y estarán dispuestos a seguir con todo y pase lo que pase. De familia elegida, al fin y al cabo. 

Gracias por todo, Logroño. Has sido un soplo de aire fresco y siempre estaré agradecida a la vida de haberte conocido y haberme regalado cosas tan maravillosas. 

Hasta pronto, no dudes que esto es un punto y a parte, porque volveremos a vernos algún día. 


martes, 10 de septiembre de 2024

 "Ser valiente. 

¿Significa eso no tener miedo de pequeños cuando pensamos que un monstruo enorme y peludo vive debajo de nuestra cama? ¿Significa decirle a nuestros padres cuando somos adolescentes que hemos suspendido un examen? ¿Significa decirle a la persona que creemos que será el amor de nuestra vida cuando tenemos veinte años que la queremos? ¿Elegir bien la carrera que vamos a estudiar? ¿Dónde vamos a trabajar? ¿Si nos compraremos un piso o una casa? ¿Vivir en la playa o en la montaña? 

Negarse a uno mismo una evidencia es de cobardes. No sé si quizá es una palabra muy fuerte pero sé que empeñarse en decir no a algo que la vida nos pone delante de los ojos una y otra vez, es inútil". 

Valiente sería poder sentarme frente a ti y decirte que te echo de menos cuando no hablamos. Que se me hace raro tener una buena noticia para darte y no hacerlo contigo delante. Que me gustaría estar a tu lado en los días malos, pero sobre todo ,en los buenos. 

Ser valiente sería poder decirle a quien te dejó escapar sin mirar siquiera atrás, que el amor estaba ahí, y era eso. Que cualquiera daría lo que fuera por compartir contigo sus momentos. Por llegar a casa y que tú estuvieras esperando, o que cada mañana cuando el sol se cuele por las rendijas de la persiana medio bajada estés tú durmiendo al lado. 

Ser valiente es aprender a descubrir que la vida es una carretera que se pierde en el horizonte y que no siempre vemos las señales que nos advierten del peligro. No nos dice si habrá una curva cerrada, un cambio de rasante, una niebla espesa que no nos deje ver lo que tenemos a dos metros, o un sol resplandeciente que nos permita parar en lo alto de un mirador donde, si respiras fuerte, se te llenan los pulmones y el alma. 

Ser valiente es aceptar, que a veces solo podemos coger el volante fuerte, con las dos manos, y esperar la próxima curva. El encanto de no saber lo que vendrá tras ella forma parte de un juego al que no elegimos venir, pero contra el que irremediablemente tenemos que jugar, de eso se trata la vida. 

Ser valiente es asumir que a cada uno nos toca una carretera y tenemos que ser nosotros los que decidamos dónde parar a respirar, cuántas curvas podemos tomar sin detenernos, y cuándo debemos pisar el freno cuando antes nos hemos pasado acelerando". 

domingo, 1 de septiembre de 2024

 "Podría enamorarme de ti solamente viéndote sonreír. 

 Cada vez que veo como los ojos se te iluminan y se te dibuja un hoyuelo en la barbilla cuando estás pensando en algo importante. 

 En cómo eres capaz de sacar una sonrisa a alguien a pesar de que por dentro te estés rompiendo. 

Pienso en que me equivoqué de elección. En que creí que compartía mi vida con la persona perfecta, y en cómo el castillo que construí en las nubes se fue derruyendo a la vez que perdía la ilusión y todos los proyectos quedaban encerrados en el doble fondo de un cajón que nadie quiso abrir. 

En que no sé en qué momento, ni cuándo ni cómo, me enamoré de ti. Sin darme cuenta. Cada vez que me hacías un comentario gracioso cuando era justo lo que necesitaba. Cuando me traías un café sin avisar justo como a mi me gusta. Cuando algún mensaje inesperado en el móvil me hacía rescatar los nervios que de repente se me ponían en el estómago y que tenía tan olvidados. 

Cómo he podido ir olvidando una de las mejores sensaciones de la vida. 

No puedo evitar imaginar cómo sería despertarme a tu lado cada día. En verte dormir. En la cara de paz que pones cuando sientes que nada malo puede pasar en el mundo. En llegar a casa y que tú me esperes en el sofá. En descubrir el mundo de tu mano. En ver las estrellas. 

Qué cobarde fui cuando en su momento pude decirte que te quería y no lo hice". 

De repente, sintió la puerta cerrarse tras de sí. Las manos dejaron de temblar, y las mariposas del estómago desaparecieron. Instintivamente cerró la pantalla del portátil y se levantó de la silla. 

-¿Todavía sigues trabajando? -le preguntó - 

-No, ya he terminado. ¿Te apetece que cenemos fuera? 

-Mejor otro día, he tenido un día horrible y solo me apetece tirarme en el sofá a ver la tele. 

Ella encajó aquella respuesta como una señal más de que cualquier cosa que en el paso les pudo unir, ya no existía. Que se esfumaba como el humo del último cigarrillo que había apagado hacía solo un par de minutos, mientras tecleaba. Aquello hacía mucho tiempo que había dejado de tener sentido. 

-¿A ti que te apetece hacer? -la miró mientras se alejaba - 

-Vivir... -susurró en un tono tan bajo que sabía que hubiera escuchado aquel aliento que le salió del fondo del alma y que, fue, sin saberlo, el principio del fin. O tal vez el principio del resto de su vida - 

LLEGAR A PUERTO

 Últimamente no paro de preguntarme si he dejado pasar todas las oportunidades que merecieron la pena en mi vida.      Llegas a un punto en ...