"Podría enamorarme de ti solamente viéndote sonreír.
Cada vez que veo como los ojos se te iluminan y se te dibuja un hoyuelo en la barbilla cuando estás pensando en algo importante.
En cómo eres capaz de sacar una sonrisa a alguien a pesar de que por dentro te estés rompiendo.
Pienso en que me equivoqué de elección. En que creí que compartía mi vida con la persona perfecta, y en cómo el castillo que construí en las nubes se fue derruyendo a la vez que perdía la ilusión y todos los proyectos quedaban encerrados en el doble fondo de un cajón que nadie quiso abrir.
En que no sé en qué momento, ni cuándo ni cómo, me enamoré de ti. Sin darme cuenta. Cada vez que me hacías un comentario gracioso cuando era justo lo que necesitaba. Cuando me traías un café sin avisar justo como a mi me gusta. Cuando algún mensaje inesperado en el móvil me hacía rescatar los nervios que de repente se me ponían en el estómago y que tenía tan olvidados.
Cómo he podido ir olvidando una de las mejores sensaciones de la vida.
No puedo evitar imaginar cómo sería despertarme a tu lado cada día. En verte dormir. En la cara de paz que pones cuando sientes que nada malo puede pasar en el mundo. En llegar a casa y que tú me esperes en el sofá. En descubrir el mundo de tu mano. En ver las estrellas.
Qué cobarde fui cuando en su momento pude decirte que te quería y no lo hice".
De repente, sintió la puerta cerrarse tras de sí. Las manos dejaron de temblar, y las mariposas del estómago desaparecieron. Instintivamente cerró la pantalla del portátil y se levantó de la silla.
-¿Todavía sigues trabajando? -le preguntó -
-No, ya he terminado. ¿Te apetece que cenemos fuera?
-Mejor otro día, he tenido un día horrible y solo me apetece tirarme en el sofá a ver la tele.
Ella encajó aquella respuesta como una señal más de que cualquier cosa que en el paso les pudo unir, ya no existía. Que se esfumaba como el humo del último cigarrillo que había apagado hacía solo un par de minutos, mientras tecleaba. Aquello hacía mucho tiempo que había dejado de tener sentido.
-¿A ti que te apetece hacer? -la miró mientras se alejaba -
-Vivir... -susurró en un tono tan bajo que sabía que hubiera escuchado aquel aliento que le salió del fondo del alma y que, fue, sin saberlo, el principio del fin. O tal vez el principio del resto de su vida -
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