jueves, 20 de octubre de 2022

DESEOS A LA LUNA

Aquella noche hacía un calor bochornoso. 

Después de un breve paseo, me asomé a la ventana buscando aire fresco que no encontraba por ningún sitio. 

De repente, miré al frente y te vi. Con ese color amarillo que a veces te da un aire de misterio, como el que sale en las películas cuando el protagonista se replantea su vida y te mira como si tú tuvieras todas las respuestas. 

Cuántas veces te las había pedido yo, en noches de insomnio. Cuando a pesar de sentir que mi cuerpo no podía más y me iba a desplomar de un momento a otro, no conseguía que el sueño me venciera. Cansada de dar vueltas en la cama, me levantaba y te buscaba desde la ventana, unas veces parecía que me estabas esperando mirándome de frente, y otras te escondías detrás de las nubes, supongo que cuando no eras capaz de darme las respuestas que esperaba, o al menos, las que buscaba. 

Cuántas noches te pregunté si todo iría bien, si lo conseguiríamos. Cuando la desazón me carcomía por dentro y en el fondo algo muy dentro de mí me decía que aquellos días felices tenían un día marcado en el calendario. Las noches de verano en que, de pequeña, me sentaba en las escaleras de cemento de la casa del pueblo, con él detrás mirando el cielo detrás de mí, con el único ruido de las cigarras y los grillos rompiendo el silencio, y con el humo que desprendía el cigarillo que solía fumar y que dejaba un olor diferente allí, con el aire puro, como si tuviera la sensación de que estando él a mis espaldas, aunque no pudiera verle, no me pudiera pasar nada malo en el mundo. Qué curioso, ahora lo hago, aunque no sea verano, aunque ya no oiga los grillos, aunque tenga muchos años más encima, y aunque ya no pueda oler el humo de su tabaco. Pero le sigo sintiendo detrás, a la espalda. Tengo una sensación tan clara que sé que si en algún momento me doy la vuelta, va a levantar aire porque se habrá movido para que no pueda verle pero sepa que sigue conmigo. 

Siempre he creído que tienes un magnetismo raro, especial. Que tienes un don para calmar. O al menos, conmigo lo tienes. Igual que el mar. Sentir que las olas se estrellas contra las rocas es como sentir que algo deshace los nudos internos que tenemos y el salitre se pega y arrastra todo lo malo que tenemos. Teorías absurdas, supongo, pero que sirven para que, en un mal día, pensemos que otro salitre es capaz de llevarse lo malo de la vida y dejarnos un poco salado que acaba desapareciendo con más o menos tiempo. Al final, todo se reduce a eso, tiempo. 

A veces me paraba a pensar en todas las cosas que sabrías de la gente. En todo lo que te habrán contado, o lo que sabrás de nosotros cuando nos sentamos a mirarte como si en verdad pudieras darnos alguna respuesta a lo que nos pasa. Habrás sido testigo de amores, desamores, noches en vela, lágrimas y sonrisas, de noticias buenas y no tanto... 

Espero que no cambie nunca la sensación de paz de sentarme en las que ahora son mis escaleras, notando el frío de otra época, escuchando el silencio mientras te miro, y siga sintiendo que alguien me protege la espalda. 


LLEGAR A PUERTO

 Últimamente no paro de preguntarme si he dejado pasar todas las oportunidades que merecieron la pena en mi vida.      Llegas a un punto en ...