Ya decía John Lennon aquello de que "la vida es lo que va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes". O algo así.
Mentiría si dijera que no contemplé la posibilidad de irme, porque la mente, aunque la quieras controlar, a veces vuela sola. Y sé que soy afortunada, porque aunque sea por una putada de tamaño planetario, vuelvo a casa después de estar fuera solo cinco años.
No me había imaginado la vida así. Si hace seis años me hubieran dicho que sería como es ahora, diría que es imposible. Y no me atrevo a decirlo en alto, pero tengo miedo. Porque desde que me alcanza la memoria, desde hace unos años, cada vez que la vida me ha regalado algo bueno, detrás ha venido algo que me hizo vivir del revés y ya me he acostumbrado tanto que me cuesta pensar que todo va a ir bien.
A pesar de que para tener treinta y cinco años ya me considero doctorada en la vida. Pero aun así, puedo decir, que a mi manera, soy feliz. Tengo trabajo fijo desde hace seis años, tengo salud, tengo amigos de los buenos, me he enamorado, desenamorado, he vivido en varios sitios... supongo que gran parte de lo que una persona puede pedir a la vida.
Y ahora que por fin, después de años, ha llegado otro golpe de suerte, quiero seguir creyendo que irá bien pero algo no me deja disfrutarlo como debería. Llevo días que apenas puedo comer, me cuesta dormir y cuando lo hago me despierto, sueño... supongo que los cambios es lo que tienen. Estamos diseñados para sentir miedo a lo desconocido.
Miedo. Qué palabra. Yo pensé que sabía lo que era el miedo. Suspender un examen, tener un problema con el coche, romper una relación... pero no tenía ni idea. La primera vez que sentí miedo fue en una consulta médica, cuando me dijeron lo que hasta entonces me hizo más daño en mi vida: cáncer. Ahí comenzó una odisea de veintiseis meses que terminó una madrugada de marzo en la que el viento y la lluvia azotaban los cristales sin clemencia. A mí que me encanta la lluvia, qué paradoja.
Cuando todo pasó y pensé que no podía haber nada peor de lo que habíamos pasado, vino otro envite todavía peor que el anterior. Y con ello estamos, en la lucha. No sé si hice algo mal, si en otra vida fui una tirana que solo se dedicó a hacer el mal y lo estoy pagando en esta.... solo sé que quiero intentar seguir haciéndolo lo mejor posible.
Ayer era mi último viaje por una temporada -mi madre siempre me dice que nunca se puede decir "el último"- y curiosamente, llovía. Y mientras conducía, lo pensé. La lluvia para mi siempre tuvo un significado.... "romántico" por así decirlo. Yo tengo la teoría de que la lluvia limpia todo de malos sentimientos y vibraciones, y me encanta la sensación de irme a la cama oyendo llover.
No sé que me esperará en esta nueva etapa -que no nueva vida - ni si el tiempo me dará una tregua antes de la siguiente prueba. Solo puedo irme feliz, agradecida al destino por haberme cruzado una vez más gente maravillosa en el camino. Gente que se ha alegrado por mi, que ha llorado conmigo, con la que me he reído, a la que le he contado mi vida en verso y cuyas historias he escuchado a veces con los ojos empañados.
Y como todo en la vida son experiencias, ésta me ha servido para ser consciente de muchas cosas. Para saber que gente que estaba sigue estando, y que la que crees que lo estaba igual no era tanto. Que nunca te puedes fiar cien por cien porque hasta los pilares más fuertes y mejor construidos se caen. Me he propuesto ser fuerte y tratar de disfrutar de lo que venga porque es lo único a lo que me puedo agarrar. Al día a día, a los pequeños momentos.
Así que aquí, y ahora, comienza otra etapa de la historia.