viernes, 30 de agosto de 2024

LO QUE UNO HACE CON LO QUE TIENE

 Ya decía John Lennon aquello de que "la vida es lo que va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes". O algo así. 

Mentiría si dijera que no contemplé la posibilidad de irme, porque la mente, aunque la quieras controlar, a veces vuela sola. Y sé que soy afortunada, porque aunque sea por una putada de tamaño planetario, vuelvo a casa después de estar fuera solo cinco años. 

No me había imaginado la vida así. Si hace seis años me hubieran dicho que sería como es ahora, diría que es imposible. Y no me atrevo a decirlo en alto, pero tengo miedo. Porque desde que me alcanza la memoria, desde hace unos años, cada vez que la vida me ha regalado algo bueno, detrás ha venido algo que me hizo vivir del revés y ya me he acostumbrado tanto que me cuesta pensar que todo va a ir bien. 

A pesar de que para tener treinta y cinco años ya me considero doctorada en la vida. Pero aun así, puedo decir, que a mi manera, soy feliz. Tengo trabajo fijo desde hace seis años, tengo salud, tengo amigos de los buenos, me he enamorado, desenamorado, he vivido en varios sitios... supongo que gran parte de lo que una persona puede pedir a la vida. 

Y ahora que por fin, después de años, ha llegado otro golpe de suerte, quiero seguir creyendo que irá bien pero algo no me deja disfrutarlo como debería. Llevo días que apenas puedo comer, me cuesta dormir y cuando lo hago me despierto, sueño... supongo que los cambios es lo que tienen. Estamos diseñados para sentir miedo a lo desconocido. 

Miedo. Qué palabra. Yo pensé que sabía lo que era el miedo. Suspender un examen, tener un problema con el coche, romper una relación... pero no tenía ni idea. La primera vez que sentí miedo fue en una consulta médica, cuando me dijeron lo que hasta entonces me hizo más daño en mi vida: cáncer. Ahí comenzó una odisea de veintiseis meses que terminó una madrugada de marzo en la que el viento y la lluvia azotaban los cristales sin clemencia. A mí que me encanta la lluvia, qué paradoja. 

Cuando todo pasó y pensé que no podía haber nada peor de lo que habíamos pasado, vino otro envite todavía peor que el anterior. Y con ello estamos, en la lucha. No sé si hice algo mal, si en otra vida fui una tirana que solo se dedicó a hacer el mal y lo estoy pagando en esta.... solo sé que quiero intentar seguir haciéndolo lo mejor posible. 

Ayer era mi último viaje por una temporada -mi madre siempre me dice que nunca se puede decir "el último"- y curiosamente, llovía. Y mientras conducía, lo pensé. La lluvia para mi siempre tuvo un significado.... "romántico" por así decirlo. Yo tengo la teoría de que la lluvia limpia todo de malos sentimientos y vibraciones, y me encanta la sensación de irme a la cama oyendo llover. 

No sé que me esperará en esta nueva etapa -que no nueva vida - ni si el tiempo me dará una tregua antes de la siguiente prueba. Solo puedo irme feliz, agradecida al destino por haberme cruzado una vez más gente maravillosa en el camino. Gente que se ha alegrado por mi, que ha llorado conmigo, con la que me he reído, a la que le he contado mi vida en verso y cuyas historias he escuchado a veces con los ojos empañados. 

Y como todo en la vida son experiencias, ésta me ha servido para ser consciente de muchas cosas. Para saber que gente que estaba sigue estando, y que la que crees que lo estaba igual no era tanto. Que nunca te puedes fiar cien por cien porque hasta los pilares más fuertes y mejor construidos se caen. Me he propuesto ser fuerte y tratar de disfrutar de lo que venga porque es lo único a lo que me puedo agarrar. Al día a día, a los pequeños momentos. 

Así que aquí, y ahora, comienza otra etapa de la historia. 


jueves, 20 de octubre de 2022

DESEOS A LA LUNA

Aquella noche hacía un calor bochornoso. 

Después de un breve paseo, me asomé a la ventana buscando aire fresco que no encontraba por ningún sitio. 

De repente, miré al frente y te vi. Con ese color amarillo que a veces te da un aire de misterio, como el que sale en las películas cuando el protagonista se replantea su vida y te mira como si tú tuvieras todas las respuestas. 

Cuántas veces te las había pedido yo, en noches de insomnio. Cuando a pesar de sentir que mi cuerpo no podía más y me iba a desplomar de un momento a otro, no conseguía que el sueño me venciera. Cansada de dar vueltas en la cama, me levantaba y te buscaba desde la ventana, unas veces parecía que me estabas esperando mirándome de frente, y otras te escondías detrás de las nubes, supongo que cuando no eras capaz de darme las respuestas que esperaba, o al menos, las que buscaba. 

Cuántas noches te pregunté si todo iría bien, si lo conseguiríamos. Cuando la desazón me carcomía por dentro y en el fondo algo muy dentro de mí me decía que aquellos días felices tenían un día marcado en el calendario. Las noches de verano en que, de pequeña, me sentaba en las escaleras de cemento de la casa del pueblo, con él detrás mirando el cielo detrás de mí, con el único ruido de las cigarras y los grillos rompiendo el silencio, y con el humo que desprendía el cigarillo que solía fumar y que dejaba un olor diferente allí, con el aire puro, como si tuviera la sensación de que estando él a mis espaldas, aunque no pudiera verle, no me pudiera pasar nada malo en el mundo. Qué curioso, ahora lo hago, aunque no sea verano, aunque ya no oiga los grillos, aunque tenga muchos años más encima, y aunque ya no pueda oler el humo de su tabaco. Pero le sigo sintiendo detrás, a la espalda. Tengo una sensación tan clara que sé que si en algún momento me doy la vuelta, va a levantar aire porque se habrá movido para que no pueda verle pero sepa que sigue conmigo. 

Siempre he creído que tienes un magnetismo raro, especial. Que tienes un don para calmar. O al menos, conmigo lo tienes. Igual que el mar. Sentir que las olas se estrellas contra las rocas es como sentir que algo deshace los nudos internos que tenemos y el salitre se pega y arrastra todo lo malo que tenemos. Teorías absurdas, supongo, pero que sirven para que, en un mal día, pensemos que otro salitre es capaz de llevarse lo malo de la vida y dejarnos un poco salado que acaba desapareciendo con más o menos tiempo. Al final, todo se reduce a eso, tiempo. 

A veces me paraba a pensar en todas las cosas que sabrías de la gente. En todo lo que te habrán contado, o lo que sabrás de nosotros cuando nos sentamos a mirarte como si en verdad pudieras darnos alguna respuesta a lo que nos pasa. Habrás sido testigo de amores, desamores, noches en vela, lágrimas y sonrisas, de noticias buenas y no tanto... 

Espero que no cambie nunca la sensación de paz de sentarme en las que ahora son mis escaleras, notando el frío de otra época, escuchando el silencio mientras te miro, y siga sintiendo que alguien me protege la espalda. 


MUROS

 "Te tengo al lado y pienso en todas las conversaciones por WhatsApp.   Pero esta vez no estás detrás de una pantalla. Estás ahí, a mi ...